
Usado como discurso de campaña, el marcado de Barahona sigue siendo solo promesa
Wellington A Pérez, Pulso del Sur
En el corazón del casco urbano de Barahona, donde diariamente convergen vendedores, compradores y la dinámica económica popular, existe una deuda histórica que ningún gobierno ha logrado saldar: la construcción de un mercado público digno. Los últimos en hacer la promesa son, Mictor Fernandez, alcalde y Luis Abinader , Presidente de la república.
Lo que debió ser una obra de desarrollo urbano se ha convertido en un símbolo de abandono institucional, promesas recicladas y frustración colectiva.
El actual mercado público opera en condiciones que distan mucho de los estándares mínimos de salubridad y organización. Techos deteriorados, drenajes deficientes, hacinamiento y desorden forman parte del día a día. Para los comerciantes, no se trata solo de incomodidad, sino de supervivencia.
Para los ciudadanos, es una necesidad básica convertida en problema.
“Nos prometen mejoras, pero todo se queda en palabras”, comenta un vendedor con más de 20 años en el lugar.

Promesas que se repiten, obras que no llegan
Distintas gestiones del Ayuntamiento de Barahona han anunciado planes para modernizar o reubicar el mercado. A esto se suman intervenciones del gobierno central, incluyendo el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones, que en diferentes momentos ha sido vinculado a propuestas de construcción.
Como si se tratara de un guion, la historia es cíclica:
Anuncios sin ejecución
Estudios sin continuidad
Terrenos identificados pero no desarrollados
Presupuestos que nunca se concretan
Cada cambio de gestión reinicia el discurso, pero no la obra.
Entre la política y la realidad
El mercado de Barahona se ha convertido en una ficha política. Prometer su reconstrucción genera titulares, pero ejecutarla implica decisiones complejas:
Reubicación de comerciantes informales
Inversión significativa
Planificación urbana real
Voluntad política sostenida
Factores que, hasta ahora, no han coincidido en un mismo momento.
El costo del abandono
Más allá del debate político, las consecuencias son visibles:
Riesgos sanitarios para la población
Caos vehicular en el centro de la ciudad
Pérdida de competitividad comercial
Deterioro de la imagen urbana
El mercado, que debería ser motor económico, opera como evidencia del atraso.
Una deuda que sigue abierta
La construcción de un mercado moderno en Barahona no es un lujo: es una necesidad urgente. La población lo sabe, los comerciantes lo exigen y las autoridades lo prometen… pero la obra sigue sin materializarse.
Mientras tanto, la ciudad continúa esperando.



