
Cabral y el silencio cómplice de la oposición
Los que hoy callan, son los mismos que pronto saldrán en busca de tu voto, el de tu familia y lo harán como si han demostrado ser mejores para gobernar y gestionar mejor las miserias sobre el territorio
Los que hoy callan, son los mismos que pronto saldrán en busca de tu voto, el de tu familia y lo harán como si han demostrado ser mejores para gobernar y gestionar mejor las miserias sobre el territorio
Por Wellington A Pérez, Pulso Del Sur
En Cabral no solo preocupa lo que se hace mal; inquieta, aún más, lo que se calla. Ese silencio que se instala como norma, que se disfraza de prudencia, pero que en el fondo actúa como un escudo para la ineficiencia. Cuando la crítica se apaga, la mala gestión encuentra terreno fértil.
La alcaldía, que debería ser el motor del desarrollo local, hoy parece atrapada en una dinámica que combina improvisación, promesas sin cumplir y una desconexión evidente con las necesidades reales de la gente. Calles deterioradas, servicios básicos irregulares, iniciativas que se anuncian con entusiasmo pero se desvanecen sin explicación. No es solo un problema administrativo; es una falta de dirección, de compromiso y, sobre todo, de respeto hacia la ciudadanía.
Pero lo más preocupante no es únicamente la gestión deficiente. Es la complicidad que nace del silencio. Sectores que prefieren no incomodar, voces que se moderan por conveniencia, actores políticos que miran hacia otro lado mientras la situación se agrava. Ese mutismo no es neutral: favorece que todo siga igual.

En política, callar también es una forma de actuar. Y en Cabral, ese silencio pesa. Pesa porque frena el debate, porque limita la exigencia ciudadana y porque debilita la posibilidad de construir soluciones reales. Una comunidad que no cuestiona, que no exige, termina aceptando lo inaceptable.
Es momento de romper esa inercia. No desde el ruido vacío ni la crítica destructiva, sino desde una postura firme, informada y honesta. La gestión pública debe ser evaluada, cuestionada y, cuando corresponde, señalada. No por capricho, sino por responsabilidad.
Cabral merece más que discursos. Merece resultados. Y para que esos resultados lleguen, el silencio tiene que dejar de ser opción.




