Opiniones

¿Qué tipo de pueblo quiere ser Cabral?

El desafío de construir una nueva conciencia social y política

Cabral, Barahona.

Hay preguntas que una sociedad debe hacerse de vez en cuando, especialmente cuando comienza a discutir su futuro político, institucional y social. Una de ellas, quizás la más importante en este momento, es: ¿qué tipo de pueblo queremos ser?

La pregunta parece sencilla, pero encierra una profunda reflexión sobre nuestra identidad, nuestra cultura política, el comportamiento ciudadano y, sobre todo, la dirección hacia la que queremos conducir nuestro municipio.

Wellington A. Pérez
Periodista | Analista
Opinión

Cabral es una comunidad con historia, tradiciones y una identidad cultural que la distingue dentro de la provincia Barahona y de la región Enriquillo. Sus Cachúas, su carnaval, su gastronomía, su gente y su patrimonio natural constituyen elementos de un legado que merece preservarse y proyectarse.

Sin embargo, tener historia no significa necesariamente tener un proyecto de futuro. Y conservar nuestras tradiciones tampoco garantiza que estemos construyendo las condiciones para el desarrollo de las próximas generaciones.

El verdadero desafío está en pasar de la nostalgia por lo que fuimos a la responsabilidad de construir lo que queremos ser.

Una sociedad no cambia únicamente porque cambien sus gobernantes; también necesita transformar su manera de pensar, participar y relacionarse con el poder.

La política no puede seguir siendo el centro de todas nuestras aspiraciones

Uno de los aspectos que merece mayor atención es la cultura política que hemos construido como comunidad.

Con demasiada frecuencia, las discusiones colectivas terminan atrapadas en simpatías partidarias, lealtades personales, aspiraciones electorales y disputas por espacios de poder. Mientras tanto, los grandes temas municipales quedan relegados a un segundo plano.

El desarrollo de Cabral no puede depender de quién tiene el control político del Ayuntamiento, de qué grupo ocupa determinado espacio o de cuáles dirigentes tienen mayor influencia.

El Ayuntamiento no es propiedad de un partido, de una familia ni de un grupo de dirigentes. Es una institución pública que debe responder a los intereses de toda la comunidad.

Por eso, necesitamos superar la idea de que cuestionar una gestión significa atacar políticamente a quien gobierna, o que reconocer un resultado positivo implica identificarse con una determinada organización política.

La fiscalización no es una expresión de enemistad. Es una responsabilidad ciudadana y un ejercicio legítimo de la democracia.

El problema no es solamente quién gobierna, sino cómo se gobierna

La calidad de una administración municipal no debería medirse por la cantidad de fotografías, publicaciones en redes sociales, actividades protocolares o anuncios de obras.

Debe medirse por resultados.

Por la calidad de los servicios públicos, la transparencia en el manejo de los recursos, la planificación de las inversiones, el mantenimiento de los espacios públicos, la limpieza, el drenaje, el ordenamiento territorial y la capacidad de responder a las necesidades de la población.

La comunicación institucional tiene una función importante: informar a los ciudadanos sobre las acciones del Gobierno municipal. Pero nunca debe convertirse en un instrumento para sustituir la gestión, monopolizar la información pública o limitar el ejercicio independiente del periodismo.

Un pueblo que no puede preguntar, cuestionar y exigir explicaciones termina debilitando su propia capacidad de vigilancia democrática.

Y una sociedad que renuncia a fiscalizar a sus autoridades también renuncia a una parte importante de su ciudadanía.

Una economía que necesita oportunidades, no solamente expectativas

Cabral necesita discutir seriamente su futuro económico.

Durante décadas, la agricultura, la pesca y otras actividades productivas han formado parte de la vida económica de sus habitantes. Sin embargo, las transformaciones de estas actividades y la pérdida de oportunidades laborales han dejado desafíos que todavía merecen atención.

El Plan de Desarrollo Municipal 2022-2025 recoge parte de esa evolución económica y de las dificultades que han afectado al municipio.

La pregunta es qué estamos haciendo para construir nuevas oportunidades.

Tenemos una riqueza cultural que puede convertirse en una plataforma para el turismo; tenemos tradiciones que pueden generar emprendimientos; tenemos recursos naturales que requieren protección y aprovechamiento responsable; y tenemos una población joven que necesita formación, empleo y posibilidades reales de desarrollo.

La Laguna de Cabral, el carnaval, las Cachúas y nuestra gastronomía no deberían ser únicamente referencias de identidad. También pueden formar parte de una estrategia de desarrollo económico y promoción territorial.

No podemos seguir pensando que el progreso llegará por casualidad o que dependerá exclusivamente de las inversiones y decisiones del Gobierno central.

El municipio necesita planificación, iniciativa local y una visión económica de largo plazo.

La responsabilidad también es de la ciudadanía

Quizás este sea el punto más importante de toda esta reflexión.

No podemos aspirar a instituciones diferentes si como sociedad seguimos normalizando prácticas que debilitan la institucionalidad.

No podemos reclamar transparencia mientras justificamos la falta de rendición de cuentas cuando los responsables pertenecen a nuestro partido.

No podemos exigir mejores representantes si nuestras decisiones continúan condicionadas exclusivamente por simpatías personales, compromisos circunstanciales o intereses particulares.

Una sociedad consciente, educada e informada establece una relación distinta con sus representantes. Pregunta, compara, investiga, participa y exige.

Entiende que el voto no es un cheque en blanco y que la responsabilidad democrática no termina el día de las elecciones.

La ciudadanía debe dejar de ser una espectadora de las decisiones públicas para convertirse en protagonista de su propio desarrollo.

La calidad de una clase política también guarda relación con el nivel de exigencia de la sociedad que la elige, la observa y le permite gobernar.

¿Qué tipo de pueblo queremos construir?

Cabral necesita aspirar a ser un municipio organizado, con instituciones que funcionen, servicios públicos dignos, autoridades transparentes y ciudadanos comprometidos.

Un pueblo donde los jóvenes no tengan que marcharse necesariamente para encontrar oportunidades; donde la cultura sea también una fuente de desarrollo; donde los productores encuentren respaldo; donde los espacios públicos sean respetados y donde las diferencias políticas no estén por encima de los intereses colectivos.

Necesitamos una comunidad donde el debate político no se reduzca a quién será el próximo alcalde, sino que incluya qué modelo de municipio queremos, cuáles son nuestras prioridades y qué compromisos deben asumir quienes aspiren a dirigir sus instituciones.

El futuro de Cabral no puede seguir siendo una discusión que comienza y termina alrededor de cada proceso electoral.

Debe convertirse en una agenda permanente de la sociedad.

El cambio también comienza por nosotros

El X Censo Nacional de Población y Vivienda de 2022 registró 15,913 habitantes en nuestro municipio. Somos una comunidad con historia, identidad y dimensiones suficientes para discutir seriamente su desarrollo y construir consensos alrededor de objetivos comunes.

Pero ninguna transformación será sostenible si no comienza por reconocer nuestras propias responsabilidades.

No todo puede atribuirse a los políticos, aunque quienes administran los recursos públicos tienen obligaciones que deben cumplir y responsabilidades por las que deben responder.

También debemos preguntarnos qué estamos aportando como ciudadanos, qué prácticas estamos dispuestos a abandonar y qué nivel de compromiso tenemos con el municipio que decimos querer.

Cabral no necesita únicamente nuevos aspirantes a dirigir sus instituciones. Necesita una sociedad dispuesta a elevar sus niveles de conciencia, participación y exigencia democrática.

Porque cambiar de alcalde no significa necesariamente cambiar el rumbo de un pueblo. Cambiar de partido tampoco garantiza una transformación institucional.

El verdadero cambio requiere ciudadanos capaces de pensar más allá de sus preferencias políticas y autoridades conscientes de que el poder público es una responsabilidad, no un patrimonio particular.

Por eso, la pregunta sigue siendo la misma:

¿Qué tipo de pueblo queremos ser?

¿Uno que continúe girando alrededor de las disputas políticas, las lealtades partidarias y las aspiraciones individuales, o uno que sea capaz de construir una visión compartida de desarrollo, institucionalidad y bienestar colectivo?

La respuesta no pertenece exclusivamente a quienes aspiran a gobernarnos. Nos corresponde a todos.

El futuro de Cabral no debería depender solamente de quién gane las próximas elecciones, sino de qué clase de sociedad decidamos construir.


Wellington A. Pérez
Periodista | Analista
Opinión

Wellington Pérez

Egresado como periodista de la Escuela de comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Cuatriboliao, Minoso y más Cabraleño que una Cachua o una Viejaca.

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