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Cabral rompe la «España Boba» política: la oposición despierta y el PRM comienza a pasar factura a su propia gestión

Cabral, Barahona. La política de Cabral comienza a abandonar el letargo. Los movimientos en redes sociales, las apariciones de dirigentes y los primeros acercamientos entre sectores políticos indican que la carrera por el control del Ayuntamiento empieza a tomar forma, aunque todavía no se hayan definido públicamente las principales estrategias electorales.

Durante los últimos dos años, la oposición prácticamente le entregó el escenario político a la administración del alcalde Rolbik Urbáez. Su ausencia dejó al Gobierno municipal sin un contrapeso organizado, sin una fiscalización política sostenida y, sobre todo, sin adversarios capaces de convertir los desaciertos de la gestión en una propuesta alternativa.

En esas condiciones, la administración pudo transitar su mandato con una oposición prácticamente invisible. Sin embargo, ese período de tranquilidad comienza a terminar. Algunos dirigentes que ahora reaparecen parecen intentar incorporarse a movimientos y conversaciones que otros sectores comenzaron a desarrollar mucho antes.

Pero sería un error concentrar toda la atención en el despertar opositor. El problema político más delicado para el alcalde podría estar dentro de su propia organización.

Dirigentes de distintos niveles y sectores del Partido Revolucionario Moderno (PRM), consultados por Pulso del Sur, manifestaron sentirse excluidos, desplazados e irrespetados por la gestión municipal que ayudaron a llevar al poder.

Los entrevistados solicitaron preservar sus identidades por temor a posibles represalias. No obstante, sus señalamientos coinciden en un punto: consideran que el Ayuntamiento ha terminado convertido en un espacio de influencia para allegados del alcalde y dirigentes provenientes de otras organizaciones políticas, mientras las bases perremeístas han sido relegadas.

Esta inconformidad no debe interpretarse como una simple disputa por empleos, cargos o espacios dentro del Ayuntamiento. Tiene una dimensión política mucho más profunda: cuando una administración pierde la conexión con su propia estructura partidaria, comienza a debilitar la maquinaria que necesita para defender su continuidad.

El PRM puede conservar formalmente el gobierno municipal, pero eso no significa que tenga garantizado el entusiasmo, la disciplina ni la movilización de todos los dirigentes que hicieron posible su victoria. Y en unas elecciones municipales, donde el trabajo territorial y las relaciones directas con los votantes tienen un peso determinante, una base desmotivada puede convertirse en un problema electoral de grandes proporciones.

Rolbik Urbáez enfrenta, por tanto, una contradicción política que no puede ignorar: gobierna desde una plataforma partidaria que, según denuncian dirigentes de su propia organización, no se siente debidamente representada en su administración.

Mientras tanto, la oposición comienza a encontrar espacio para reorganizarse. Si logra articular las inconformidades internas del oficialismo con el descontento que pueda existir en otros sectores de la sociedad, podría encontrar una oportunidad política que hace apenas unos meses parecía impensable.

No obstante, tampoco debe confundirse el desgaste del oficialismo con una victoria anticipada de sus adversarios. La oposición tendrá que demostrar liderazgo, capacidad de concertación y una propuesta municipal creíble. Criticar una gestión no es lo mismo que estar preparado para sustituirla.

El panorama comienza a dibujar dos desafíos: una oposición que necesita recuperar el terreno perdido y un oficialismo que debe revisar su relación con las bases antes de que las diferencias internas se traduzcan en una ruptura electoral.

En Cabral, la próxima batalla municipal podría comenzar mucho antes de la campaña. Y el primer terreno de disputa no necesariamente estará en las calles ni frente a los adversarios, sino dentro de las propias estructuras políticas.

Porque una gestión puede resistir las críticas de la oposición, pero cuando comienza a perder la confianza de quienes la llevaron al poder, el problema deja de ser administrativo y se convierte en una amenaza política.

Por Wellington A. Pérez
Pulso del Sur | Una forma distinta de contar la historia

Wellington Pérez

Egresado como periodista de la Escuela de comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Cuatriboliao, Minoso y más Cabraleño que una Cachua o una Viejaca.

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