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El café dominicano: una joya del Caribe que busca su lugar en el mundo

Calidad, tradición y mercado: por qué República Dominicana todavía no convierte todo el potencial de su café en reconocimiento internacional

Calidad, tradición y mercado: por qué República Dominicana todavía no convierte todo el potencial de su café en reconocimiento internacional

Por Wellington A. Pérez | Pulso del Sur

Cuando el mundo del café de especialidad habla de los grandes orígenes, algunos nombres aparecen casi de manera automática: Panamá, Colombia, Etiopía, Guatemala, Costa Rica.

República Dominicana no suele ocupar ese mismo espacio en la conversación internacional.

Y, sin embargo, detrás de esa ausencia relativa existe una historia que merece ser contada.

El país tiene una tradición cafetalera de casi tres siglos, territorios montañosos con condiciones favorables para el cultivo, variedades de Coffea arabica y, en el caso de Barahona, una denominación de origen que protege un café con características propias y una larga historia de comercio internacional.

La pregunta, entonces, no debería ser simplemente si el café dominicano es bueno.

La pregunta es otra:

¿por qué un café con historia, territorio y atributos diferenciados todavía no ocupa un lugar proporcional a su potencial en el mercado mundial de cafés de especialidad?

Una historia que comenzó hace casi 300 años

La introducción del café en La Española se sitúa, según la documentación histórica recopilada por la Denominación de Origen Café Barahona, entre 1726 y 1735, desde la parte occidental de la isla hacia el territorio que hoy corresponde a República Dominicana.

La región Enriquillo aparece incluso vinculada a esa historia temprana: la tradición sitúa la introducción de los primeros cafetos en la loma de Panzo, en Bahoruco. (D.O Cafe Barahona)

Con el paso del tiempo, Barahona se convirtió en uno de los grandes territorios cafetaleros del país.

A principios del siglo XX ya existían grandes propiedades dedicadas al cultivo y beneficio del café en la zona. La región desarrolló además vínculos comerciales con Europa y otros mercados internacionales.

En la década de 1930, Francia, España, Italia, Estados Unidos y Holanda figuraban entre los principales compradores del café verde dominicano. La documentación histórica de la Denominación de Origen Café Barahona señala que para entonces el producto, y particularmente el café de Barahona, gozaba de una reputación importante entre compradores europeos. (D.O Cafe Barahona)

La relación con los mercados internacionales tampoco es reciente.

En 1942, Barahona fue establecida oficialmente como una de las zonas autorizadas para fines de exportación. Posteriormente, en 1956, los tipos de café dominicano para exportación incluían Cibao, Baní-Ocoa y Barahona. (D.O Cafe Barahona)

Es decir, el problema dominicano nunca ha sido la ausencia de una historia cafetalera internacional.

Barahona: un nombre que tiene territorio y apellido propio

Hablar del café dominicano obliga a detenerse en Barahona.

La Denominación de Origen Café Barahona comprende zonas productoras de las provincias de Barahona, Pedernales, Bahoruco e Independencia, dentro de la región Enriquillo.

El territorio delimitado para la producción comprende unas 182,666 hectáreas, de las cuales alrededor de 24,358 hectáreas corresponden al área dedicada al cultivo del café, según la información de la propia denominación. (D.O Cafe Barahona)

Ese dato cambia la perspectiva.

No estamos hablando solamente de una marca comercial.

Estamos hablando de un territorio, de una cultura agrícola y de una identidad productiva vinculada al café.

La documentación de la denominación describe el Café Barahona como un café de Coffea arabica, asociado históricamente con variedades como Typica y Caturra y caracterizado por atributos como cuerpo, dulzor, acidez y aroma. (ASIPI)

Además, existe un sistema de trazabilidad que contempla productores, procesadores y exportadores, con controles sobre el origen geográfico, lotes y procesos de comercialización. (D.O Cafe Barahona)

Esto es importante porque una de las herramientas que utiliza el mercado moderno para aumentar el valor de un producto agrícola es precisamente demostrar de dónde viene, quién lo produjo y cómo fue procesado.

El café dominicano no está fuera del mercado mundial

Aquí aparece uno de los principales matices que debe hacerse al hablar del café dominicano.

No es correcto afirmar que República Dominicana está completamente ausente del mercado internacional.

Los datos oficiales muestran una actividad exportadora significativa.

Durante 2025, INDOCAFE registró 121,441.59 quintales de café verde y procesado exportados, equivalentes a unos US$48 millones en divisas. El organismo también reportó 634 contratos de exportación, 635 notificaciones y permisos de embarque y 636 certificados de origen de la Organización Internacional del Café. (Indocafé)

Y el sector continúa moviéndose.

En 2024, las exportaciones nacionales de café y sus manufacturas alcanzaron alrededor de US$41.5 millones, según las estadísticas del Banco Central. (Repositorio Cultural)

La composición también resulta reveladora.

En 2024, el país exportó aproximadamente 1,076 toneladas métricas de café en grano, valoradas en US$6.7 millones, mientras que el café manufacturado alcanzó unas 5,876 toneladas métricas, con un valor de US$34.8 millones. (Repositorio Cultural)

El dato revela algo fundamental:

la oportunidad dominicana no está únicamente en vender más café verde; también está en capturar mayor valor mediante procesamiento, tostado, marca y diferenciación.

Más de 30 mercados y una nueva apuesta por el café de especialidad

En abril de 2025, ProDominicana informó que el café dominicano llegaba a más de 30 mercados internacionales.

Puerto Rico y Estados Unidos figuraban entre los principales destinos, con exportaciones de aproximadamente US$29.8 millones y US$4.6 millones, respectivamente, durante 2024. (El Día)

Ese mismo año ocurrió algo especialmente significativo.

Una delegación de diez empresas dominicanas participó en la Specialty Coffee Expo 2025, en Houston, una de las principales vitrinas del café de especialidad en América del Norte.

La participación fue respaldada por ProDominicana e INDOCAFE y permitió presentar cafés dominicanos ante compradores, tostadores, importadores y profesionales de la industria de decenas de países. (Presidencia de la República Dominicana)

El resultado fue considerable: más de 370 reuniones comerciales y US$5.16 millones en intenciones de negocios. (Presidencia de la República Dominicana)

Esto demuestra que el país ya está intentando construir una nueva narrativa internacional alrededor de su café.

Entonces, ¿dónde está la brecha?

Aquí está el corazón de la historia.

La brecha no necesariamente está entre un café “malo” y uno “bueno”.

Está entre calidad y valor reconocido.

La propia Specialty Coffee Association ha evolucionado su definición de café de especialidad. Ya no se trata simplemente de colocar un número sobre una taza.

Para la SCA, un café de especialidad es aquel reconocido por atributos distintivos que le generan un valor adicional significativo en el mercado. Esos atributos incluyen características sensoriales, pero también información sobre origen, productor, prácticas agrícolas y procesamiento. (Specialty Coffee Association)

Esto cambia completamente la discusión.

Un café puede tener excelentes características en taza y, aun así, no haber construido una marca internacional suficientemente fuerte.

El desafío de competir en una industria que vende historias

Panamá entendió algo fundamental con el Geisha.

Colombia convirtió su café en una de las marcas agrícolas más reconocibles del planeta.

Guatemala, Costa Rica y otros países productores desarrollaron sistemas de promoción, concursos, compradores especializados, trazabilidad y estrategias de origen.

La industria del café de especialidad no vende solamente granos.

Vende territorio.

Vende historias.

Vende productores.

Vende procesos.

Vende rareza.

Vende trazabilidad.

Y, sobre todo, vende confianza.

La Specialty Coffee Association reconoce precisamente que el valor de un café puede estar asociado tanto a sus atributos sensoriales como a su origen, productor, prácticas de cultivo y métodos de procesamiento. (Specialty Coffee Association)

Por eso, la discusión dominicana no debería limitarse a preguntar cuántas toneladas produce el país.

Hay que preguntar:

¿Cuántos cafés dominicanos pueden ser identificados por finca, productor, variedad, altitud, proceso y perfil sensorial?

¿Cuántos lotes llegan directamente a tostadores internacionales?

¿Cuántos productores reciben una prima por calidad?

¿Cuántos cafés dominicanos participan regularmente en competencias internacionales?

Ahí está una parte importante de la brecha.

El viejo problema: producir calidad no es suficiente

El propio INDOCAFE reconoce que el país tiene oportunidades en nichos de cafés de alta calidad y mercados diferenciados.

En su planificación estratégica, el organismo plantea la necesidad de desarrollar mercados que permitan obtener precios diferenciales y primas por calidad. (Indocafé)

Pero llegar a ese mercado requiere más que sembrar buenos árboles.

Hace falta renovación de plantaciones, manejo agronómico, control de enfermedades, recolección selectiva, procesamiento adecuado, secado, almacenamiento, catación, trazabilidad y acceso directo a compradores.

En 2025, INDOCAFE reportó asistencia técnica directa a 12,435 productores y la producción y siembra de 7,239,942 plantas tolerantes a la roya, beneficiando a 2,366 productores.

También informó que durante ese año se realizaron cientos de inspecciones, toma de muestras y análisis físicos y sensoriales relacionados con el café destinado a exportación. (Indocafé)

La renovación, por tanto, ya está ocurriendo.

La pregunta es si esa renovación conseguirá convertirse también en una revolución comercial y de calidad.

Una paradoja: más café, pero todavía poco reconocimiento

La producción dominicana continúa enfrentando desafíos.

Al cierre de 2025, el volumen cosechado alcanzó 474,193 quintales, por debajo de la meta de 600,000 quintales establecida para el período 2024-2025. (Digepres)

Eso muestra que la discusión tampoco puede reducirse al marketing.

Hay una tarea pendiente en las fincas.

Hay que aumentar productividad, renovar árboles, mejorar procesos y garantizar que la calidad obtenida en la montaña sobreviva intacta hasta la taza.

En Barahona, la propia documentación de la Denominación de Origen reconoce que los cafetales presentan bajos rendimientos y que predominan productores de edad media y avanzada. (D.O Cafe Barahona)

El desafío es generacional.

¿Quién cultivará el café dominicano dentro de 20 años?

El gran activo que todavía no se ha explotado completamente

República Dominicana tiene algo que muchos mercados buscan: una identidad.

El café de Barahona no necesita convertirse en Geisha.

Tampoco necesita copiar a Colombia.

Tiene que construir su propia historia.

La región Enriquillo posee una combinación de montaña, biodiversidad, cultura agrícola, historia y territorio que puede convertirse en un poderoso argumento comercial.

Y ya existe una herramienta fundamental: la Denominación de Origen.

La certificación establece mecanismos de control y trazabilidad desde la finca hasta el exportador. (D.O Cafe Barahona)

Lo que falta es convertir esa herramienta jurídica y productiva en una marca internacional reconocible.

La oportunidad está en la taza, pero también fuera de ella

El futuro del café dominicano podría estar menos relacionado con producir enormes cantidades y más con producir lotes diferenciados, trazables y capaces de obtener primas de mercado.

Eso significa apostar por:

  • microlotes;
  • café de finca;
  • procesos diferenciados;
  • catadores certificados;
  • laboratorios y control de calidad;
  • trazabilidad digital;
  • renovación de cafetales;
  • capacitación de productores;
  • acceso directo a tostadores;
  • participación en competencias internacionales;
  • promoción internacional;
  • turismo de café;
  • y una verdadera marca país.

El mercado internacional ya está mostrando interés.

La participación dominicana en la Specialty Coffee Expo 2025, con más de US$5.1 millones en intenciones comerciales, es una señal concreta de que existen compradores dispuestos a escuchar la historia. (Presidencia de la República Dominicana)

Ahora corresponde contarla mejor.

El café que necesita ser descubierto

Tal vez el mayor error sea seguir preguntando por qué el café dominicano no aparece entre los grandes nombres del mundo.

La pregunta más interesante es:

¿qué tendría que hacer República Dominicana para que el mundo reconozca lo que sus caficultores llevan generaciones produciendo?

La respuesta no está únicamente en la finca.

Está en toda la cadena.

En el productor que selecciona la cereza madura.

En el beneficio que controla la fermentación.

En el secado que evita defectos.

En el laboratorio que mide la calidad.

En el catador que identifica los atributos.

En el exportador que construye el mercado.

En el tostador que cuenta la historia.

Y en una política pública capaz de conectar todos esos eslabones.

Barahona ya tiene historia.

Tiene territorio.

Tiene una denominación de origen.

Tiene productores.

Tiene café.

Lo que necesita ahora es que esa identidad se convierta en valor internacional.

Porque el café dominicano no tiene que esperar a ser descubierto para demostrar que existe.

Tiene que conseguir que el mundo aprenda a reconocerlo por su nombre.

Y ese nombre, para el sur dominicano, tiene uno especialmente poderoso:

Café Barahona.

Pulso del Sur | Una forma distinta de contar la historia.

Wellington Pérez

Egresado como periodista de la Escuela de comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Cuatriboliao, Minoso y más Cabraleño que una Cachua o una Viejaca.

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