La Región

Cabral un municipio asfixiado por los desechos y sin un planificación eficiente

El fin de semana pasado la alcandía anunciaba un operativo de recolección de basura en todo el municipio, confirmando así la verdad del dolor de cabeza que se ha convertido la recolección de basura en el territorio rinconero

El fin de semana pasado la alcandía anunciaba un operativo de recolección de basura en todo el municipio, confirmando así la verdad del dolor de cabeza que se ha convertido la recolección de basura en el territorio rinconero

Por Wellington A Pérez, Pulso del Sur

CABRAL, Barahona. – Detrás de las fotos, notas de prensa y videos de la propaganda oficial del ayuntamiento de este municipio, se vive una contradicción dolorosa y fiscalizable. Este municipio, históricamente considerado un pulmón de agua en el suroeste dominicano, hoy padece una crisis institucional y ecológica estructural. Entre la fragilidad de su gestión local y el colapso ambiental de sus recursos, el pueblo se enfrenta a realidades contundentes que los datos oficiales ya no pueden maquillar. 

El  colapso de la recogida

El síntoma más visible del abandono está en la incapacidad operativa de su cabildo. Los documentos de formulación presupuestaria depositados ante el Sistema de Monitoreo de la Administración Pública (SISMAP Municipal) revelan una cruda realidad: para el año fiscal, el presupuesto general del Ayuntamiento de Cabral apenas alcanza los RD$ 40,292,005.00. 

De esa cifra, RD$ 38,892,005.00 provienen estrictamente de las transferencias del Gobierno Central. La recaudación por concepto de ingresos propios (arbitrios locales, mercados, rampa y rodaje) es de apenas RD$ 1,400,000.00 anuales. Con un cabildo que depende en un 96.5% del subsidio estatal y que por ley debe destinar el 25% a gastos de personal y el 31% a servicios municipales, los fondos para tecnificar la gestión de desechos sólidos son simplemente inexistentes.

El resultado directo en las calles es una logística deficiente que el departamento de Ornato y Limpieza intenta mitigar con camiones de volteo abiertos o unidades con fallas mecánicas recurrentes. Mientras el casco urbano cuenta con un calendario mínimo, los barrios de la periferia y los parajes rurales quedan completamente marginados, empujando a los ciudadanos a acumular basuras en sus patios o a recurrir a la quema informal.

Un vertedero a cielo abierto que envenena el subsuelo

El verdadero drama no radica solo en cómo se recoge la basura, sino en su destino final. Cabral carece de una planta de transferencia o de un relleno sanitario controlado. Todo lo recolectado se vierte de forma cruda a cielo abierto en terrenos municipales.

Allí, los desechos no se entierran, no se desinfectan ni se tratan. El impacto es devastador: los lixiviados —esos líquidos negros altamente tóxicos y cargados de metales pesados que destila la materia en descomposición— se filtran sin ninguna barrera impermeable directo al subsuelo. En un municipio con una de las capas freáticas más ricas y superficiales de la Región Enriquillo, esta contaminación representa una amenaza directa a la seguridad hídrica de los pozos y acuíferos de los que se abastece la propia población.

Para los cabraleños, las promesas en papel ya caducaron. El reclamo que hoy se escucha exige que el gobierno central mire hacia este rincón del sur con presupuestos reales, ordenamiento territorial y rigor ambiental. Cabral no puede seguir esperando; su salud pública, su economía pesquera y su dignidad colectiva se están perdiendo irreversiblemente entre el polvo, la burocracia y los desechos.

Wellington Pérez

Egresado como periodista de la Escuela de comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Cuatriboliao, Minoso y más Cabraleño que una Cachua o una Viejaca.

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