La Región

¿Qué están haciendo por Barahona los que la dirigen?

Barahona no es una provincia pobre de recursos, es una población huérfana de visión y compromisos por quienes la dirigen

Barahona no es una provincia pobre de recursos, es una población huérfana de visión y compromisos por quienes la dirigen

Por Wellington A Pérez

Pobre sería un territorio sin mar, sin montañas, sin agricultura, sin minerales, sin gente trabajadora y sin ubicación estratégica. Y Barahona tiene todo eso. Tiene playas capaces de competir con cualquier destino del Caribe, una riqueza natural privilegiada, producción agrícola, potencial logístico y una identidad cultural poderosa. Sin embargo, continúa atrapada entre promesas, abandono institucional y oportunidades desperdiciadas.

La gran contradicción del sur dominicano es que Barahona posee las herramientas para convertirse en uno de los motores económicos del país, pero sigue caminando con el freno puesto. Documentos oficiales del Ministerio de Economía reconocen desde hace años que la provincia arrastra graves debilidades estructurales: falta de inversión, escasa infraestructura turística, deficiencias en servicios públicos, inseguridad, ausencia de planificación y poca capacitación técnica de su capital humano. 

El problema ya no es descubrir qué le falta a Barahona, eso está diagnosticado desde hace tiempo. El verdadero problema es que casi nadie ha querido asumir la responsabilidad de resolverlo.

Barahona fue declarada parte del cuarto polo turístico del país hace décadas. Aun así, el desarrollo turístico de la zona sigue siendo lento y desigual. Mientras otros destinos crecieron con grandes inversiones hoteleras, carreteras modernas y planificación estatal, Barahona continúa enfrentando carencias básicas. La falta de habitaciones hoteleras suficientes limita la llegada masiva de turistas nacionales y extranjeros. En temporadas altas, muchos visitantes simplemente no encuentran dónde hospedarse, aunque hay que reconocer que se están haciendo esfuerzos valorativos por parte del sector privado.

A eso se suman carreteras deterioradas, señalización deficiente, poca organización urbana y escasa infraestructura pública. Incluso sectores ligados al turismo han denunciado que los altos costos de energía eléctrica y agua representan una carga que dificulta la competitividad de la provincia. 

Paradójicamente, Barahona posee una diversidad natural que pocos territorios dominicanos pueden exhibir: playas, montañas, ríos y reservas ecológicas concentradas en una misma región. Esa ventaja comparativa debería convertirla en una potencia del ecoturismo y el turismo de aventura. Pero el abandono institucional ha pesado más que el potencial.

La migración silenciosa de los jóvenes

Uno de los golpes más duros para Barahona no aparece siempre en las estadísticas: la fuga constante de jóvenes.

Muchos terminan marchándose a Santo Domingo, Santiago o al extranjero porque sienten que en su tierra no existen oportunidades reales de crecimiento. La falta de empleos formales, la escasa industrialización y el limitado acceso a formación técnica terminan empujando generaciones enteras fuera de la provincia. 

La economía de Barahona sigue atrapada en un modelo limitado que depende de la agricultura tradicional, las remesas y actividades de baja productividad, no porque el campo sea un problema, sino porque durante décadas no se ha construido una estructura económica diversificada capaz de generar empleos modernos, innovación y estabilidad. A esto se suma un deterioro evidente en los servicios públicos: agua potable irregular, fallas eléctricas constantes, manejo deficiente de residuos y una planificación urbana prácticamente inexistente. Informes técnicos y la percepción ciudadana coinciden en que la inseguridad, la débil aplicación de la ley y la falta de coordinación institucional hacen que muchos habitantes sientan que sobreviven más por esfuerzo propio que por respaldo del Estado.

Este rezago también es consecuencia del centralismo histórico que ha concentrado las grandes inversiones en otras regiones, dejando al suroeste —y en particular a Barahona— fuera de los principales circuitos de desarrollo. Las decisiones económicas se han tomado lejos del territorio, y cuando finalmente llegan recursos, suelen hacerlo tarde, de manera fragmentada o sin continuidad. Por eso, hablar de desarrollo no puede seguir siendo un ejercicio retórico ni un acto ceremonial. La provincia necesita políticas sostenidas, infraestructura básica funcional y una visión estratégica que rompa con décadas de abandono y convierta el potencial del territorio en bienestar real para su gente.

La verdadera pregunta es cuánto tiempo más seguirán los que nos dirigen permitiendo que una de sus provincias con mayor potencial continúe atrapada en el atraso.

Wellington Pérez

Egresado como periodista de la Escuela de comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Cuatriboliao, Minoso y más Cabraleño que una Cachua o una Viejaca.

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