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El aroma que se lleva el monte: la ruta del guaconejo entre Cabral y el mundo

Dos fábricas instaladas en Cabral abastecen una industria que termina en los perfumes más exclusivos del planeta. Mientras el negocio genera exportaciones y empleos, aumentan las denuncias por contaminación y las alertas sobre la desaparición del recurso que lo sostiene

Dos fábricas instaladas en Cabral abastecen una industria que termina en los perfumes más exclusivos del planeta. Mientras el negocio genera exportaciones y empleos, aumentan las denuncias por contaminación y las alertas sobre la desaparición del recurso que lo sostiene.

Por Wellington A Pérez| Pulso del Sur

CABRAL, Barahona. — El sonido de los camiones rompe el silencio de la madrugada mucho antes de que amanezca. Descienden desde la Sierra de Bahoruco cargados de troncos de guaconejo, una especie poco conocida para la mayoría de los dominicanos, pero indispensable para una industria multimillonaria que fabrica algunos de los perfumes más exclusivos del mundo.

Su destino está a pocos kilómetros: dos plantas procesadoras instaladas en Cabral, el único municipio del país donde opera este tipo de industria a gran escala. Allí, la madera es sometida a un proceso de destilación para extraer un aceite esencial utilizado como fijador de fragancias. Días después, ese producto viajará a Estados Unidos, Europa y Asia.

Lo que pocos consumidores saben es que el aroma que permanece durante horas sobre la piel comienza su recorrido en uno de los ecosistemas más frágiles de República Dominicana.

El árbol que perfuma al mundo

El guaconejo (Amyris spp.) crece de manera silvestre en los bosques secos de Barahona, Pedernales e Independencia. Su valor no está en la madera como tal, sino en la resina que desarrolla cuando el árbol muere naturalmente, de donde se obtiene un aceite esencial altamente cotizado por la industria de la perfumería.

No existen plantaciones comerciales de esta especie en ninguna parte del mundo. Toda la producción proviene de poblaciones naturales de la isla La Española.

Esa condición convierte al guaconejo en un recurso limitado, cuya explotación depende exclusivamente de la capacidad de regeneración del bosque.

El negocio tiene su centro en Cabral

En Cabral funcionan las dos principales destilerías de aceite esencial del país.

La primera es Domarome (Dominican Arome, C. por A.), fundada en 2002 por el empresario Guéric Boucard, vinculado desde hace décadas al mercado internacional de aceites esenciales mediante la empresa Texarome, con sede en Texas.

Según información ofrecida por la propia empresa, la planta procesa hasta cuatro toneladas de madera por día y produce alrededor de veinte kilogramos de aceite esencial por cada tonelada de materia prima de alta calidad. El producto es exportado para su refinamiento y posterior comercialización en mercados internacionales.

La segunda empresa es Esencias Quisqueya, ubicada en el sector El Majagual y autorizada por el Ministerio de Medio Ambiente para desarrollar el mismo proceso industrial.

Ambas compañías sostienen que únicamente utilizan árboles muertos por causas naturales y rechazan cualquier señalamiento de tala indiscriminada.

Las denuncias nunca desaparecieron

Sin embargo, la historia de esta industria también está escrita en expedientes judiciales, protestas comunitarias y reclamos ambientales.

En marzo de 2019, más de cincuenta residentes del sector El Majagual presentaron una querella ante la Fiscalía de Cabral denunciando presuntas afectaciones provocadas por una de las plantas procesadoras.

Los comunitarios afirmaron sufrir irritación en la piel, ardor en los ojos, mareos y problemas respiratorios que atribuyeron al funcionamiento de la fábrica, ubicada a pocos metros de viviendas, centros educativos y fuentes de abastecimiento de agua.

El abogado ambientalista Euren Cuevas Medina sostuvo entonces que una instalación industrial de esa naturaleza no debía operar tan cerca de escuelas, citando disposiciones de la Ley General sobre Medio Ambiente y Recursos Naturales 64-00.

La empresa respondió rechazando las acusaciones y defendiendo que todas sus operaciones se desarrollan dentro del marco legal.

Pero aquella no fue la primera advertencia.

Dos años antes, en 2017, organizaciones comunitarias solicitaron al Ministerio de Medio Ambiente el cierre de ambas plantas, alegando que los beneficios económicos no compensaban los impactos sobre el entorno.

Un bosque bajo presión

La presión sobre el guaconejo no proviene únicamente de las industrias instaladas en Cabral.

Durante años, informes técnicos, investigaciones periodísticas y organizaciones ambientales han documentado el tráfico ilegal de madera hacia Haití, donde también existe una industria dedicada a la producción de aceites esenciales.

Ese mercado clandestino ha convertido la frontera sur en un punto permanente de vigilancia para las autoridades ambientales, aunque especialistas coinciden en que los mecanismos de control continúan siendo insuficientes.

Investigadores han advertido que, además de recolectar árboles muertos, algunos cortadores recurren al llamado “anillado”: una práctica que consiste en cortar parcialmente el tronco para acelerar la muerte del árbol y aprovechar posteriormente la resina.

De confirmarse, esa práctica violaría las normas que únicamente autorizan el aprovechamiento de ejemplares muertos naturalmente.

La cuenta regresiva

Quizá la mayor preocupación ya no sea cuánto aceite se exporta, sino cuánto bosque queda.

Especialistas que han estudiado durante años la flora de la Sierra de Bahoruco advierten que el recurso aprovechable podría agotarse en aproximadamente una década si continúa el ritmo actual de extracción.

La situación se agrava porque el guaconejo no se cultiva comercialmente en ningún país y todavía no existe un programa de reforestación capaz de garantizar la sostenibilidad de la especie.

Mientras tanto, los puntos de extracción avanzan cada vez más hacia el interior de la Sierra de Bahoruco, obligando a recorrer mayores distancias para encontrar árboles aprovechables.

El dilema

Cabral se encuentra hoy en medio de una contradicción difícil de ignorar.

Por un lado, dos industrias generan empleos, exportaciones y colocan el nombre del municipio dentro de una cadena global de producción.

Por otro, persisten las denuncias por contaminación, las preocupaciones de comunidades vecinas y las advertencias de científicos sobre el posible agotamiento de un recurso que no puede reemplazarse fácilmente.

El debate ya no enfrenta únicamente economía y medio ambiente.

También plantea una pregunta de largo alcance: ¿puede sostenerse una industria internacional basada en un árbol silvestre cuyo futuro depende exclusivamente de la capacidad de sobrevivir del bosque?

Mientras esa respuesta llega, cada camión que baja de la Sierra de Bahoruco lleva consigo mucho más que madera.

Transporta una parte de un ecosistema único, convertido hoy en uno de los ingredientes más valiosos de la perfumería mundial.

Pulso del Sur continuará esta investigación con nuevos reportajes sobre las exportaciones de aceite esencial de guaconejo, la trazabilidad del producto, los controles ambientales, las concesiones forestales y el impacto económico y social de esta actividad en la región Enriquillo.

Wellington Pérez

Egresado como periodista de la Escuela de comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Cuatriboliao, Minoso y más Cabraleño que una Cachua o una Viejaca.

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