Turismo y Cultura

El sabor de la tradición: el legado de doña Luisa seguirá vivo en las manos de Isaura Báez

En el Barrio La Peñuela, en el municipio de Cabral, hay aromas que forman parte de la memoria colectiva. Antes de que el sol termine de asomarse y mientras el pueblo apenas despierta, el olor a coco, maíz y leña comienza a recorrer las calles anunciando que doña Luisa ya está trabajando frente al fogón.

Durante más de dos décadas, sus arepitas de maíz han sido mucho más que un desayuno. Son una costumbre. Un punto de encuentro. Una tradición que ha acompañado generaciones enteras de familias cabraleñas que crecieron con el sonido del aceite hirviendo y el sabor crujiente de unas arepas hechas con paciencia y cariño.

Quienes viven en La Peñuela saben que las mañanas tienen otro sentido cuando comienzan con una taza de café, chocolate caliente o leche acompañada por las famosas arepas de Luisa. Y quienes emigraron a otras ciudades o países, cada vez que regresan a Cabral, hacen la misma parada obligatoria: buscar el sabor que les recuerda su infancia.

Pero detrás de ese fogón que tantas historias guarda, hay algo todavía más valioso ocurriendo: el legado culinario de doña Luisa ya encontró continuidad.

Isaura Báez, su hija, ha comenzado a seguir los pasos de su madre, aprendiendo no solo la receta, sino también la disciplina, el sacrificio y el amor que durante años han convertido aquellas arepitas en una referencia gastronómica y cultural del municipio.

Porque el verdadero secreto nunca estuvo únicamente en el maíz ni en el coco. Está en las manos que madrugan cuando todavía el pueblo duerme. Está en la dedicación silenciosa de una mujer que convirtió una tradición familiar en parte de la identidad de toda una comunidad.

En tiempos donde muchas costumbres desaparecen bajo la velocidad de lo moderno, historias como la de doña Luisa e Isaura recuerdan el enorme valor de preservar las raíces. Cada arepita representa una herencia viva que pasa de generación en generación sin necesidad de libros ni escuelas, únicamente a través del ejemplo, la constancia y el cariño familiar.

Los visitantes que prueban por primera vez este manjar típico difícilmente olvidan la experiencia. El sabor ahumado de la leña, la textura crujiente y el toque artesanal hacen que muchos regresen una y otra vez buscando repetir ese momento sencillo, pero profundamente auténtico.

En La Peñuela, las mañanas todavía tienen sabor a tradición. Y gracias a Isaura Báez, todo indica que las arepas de doña Luisa seguirán despertando a Cabral por muchos años más.

Wellington Pérez

Egresado como periodista de la Escuela de comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Cuatriboliao, Minoso y más Cabraleño que una Cachua o una Viejaca.

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